
Una
mujer es la historia de sus actos y pensamientos, de sus células y neuronas, de
sus heridas y entusiasmos, de sus amores y desamores.
Una mujer es
inevitablemente la historia de su vientre, de las semillas que en él fecundaron,
o no lo hicieron, o dejaron de hacerlo, y del momento aquel, el único en que se
es diosa.
Una mujer es la historia de lo pequeño, lo trivial, lo cotidiano,
la suma de lo callado.
Una mujer es siempre la historia de muchos
hombres.
Una mujer es la historia de su pueblo y de su raza. Y es la historia
de sus raíces y de su origen, de cada mujer que fue alimentada por la anterior
para que ella naciera: una mujer es la historia de su sangre.
Pero también es
la historia de una conciencia y de sus luchas interiores. También una mujer es
la historia de su utopía.
Marcela Serrano: “Antigua Vida Mía”, Alfaguara,
1995.